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No me gusta el fútbol

Publicado por Trablete a las 15:04 en ,
No estoy al tanto del mundo deportivo en general, expectuando algo de ciclismo de hace 15 años. A esto ayuda en gran medida el no tener tele en casa. En lo que va de mundial, la única información al respecto que me ha llegado ha sido a través de dos voladores lejanos y en Google noticias, aún teniendo la sección de deportes oculta:


Mi ignorancia al respecto suele quedar en un "no me gusta el fútbol". En ocasiones, oigo campanas, y no sé dónde:

Alguien hace un comentario sobre David Beckham
Yo: Beckham, quién, ¿el nadador?

o llegar a soltar lindezas como: Oye, ¿Cómo se apellida Nadal?

Hace dos días conocí la historia del pulpo que predice los resultados de los encuentros a base de darse un atracón de mejillones. No siento una predilección especial por que gane un equipo u otro. La tarde del pasado encuentro de la selección española estábamos en una librería y pensé que, para nuestros intereses, era mejor que perdiera porque si no, íbamos a pillar un atasco de campeonato. En este caso del mundo XD. Pero para esta final estaría bien que ganase sólo porque lo ha dicho un pulpo la bonita historia del pulpo tuviera un final feliz.

Vivo en otro mundo. Anoche llegué a casa con un paquete de gusanitos, que tenía dentro una cartulina con sendos rectángulos de acuarela amarillo y rojo, con instrucciones al dorso para pintarse la cara con los dedos humedecidos, y las típicas advertencias sobre su uso. Pensé: ah, un juego para que los niños se pinten la cara... Qué colores más chungos han venido esta vez...
Tuvieron que aclararme que eran para pintarse la bandera española. Luego vi que por fuera, el paquete traía adosada una cinta con dos pavos con la cara pintada a rayas rojas y amarillas e indumentaria en tonos rojos. Soy la prueba viviente de que se puede vivir sin contaminarse:

 

Por supuesto, cuando vi el regalo, saqué un pincel y me puse a jugar, pero sobre un folio. Lo que comenzó siendo un cono de directriz curva terminó siendo una constatación de que los extraterrestres apoyan a la selección española y gustan del body-painting:



Actualización

Pues sí, el poder de vaticinio del pulpo se ha confirmado. Ya puede ganarse la vida dedicándose al famoseo, dando entrevistas (de respuesta binaria, eso sí) o montando una consulta de vidente. En todo caso, una cosa está clara:


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¡Pobre Turquesa!

Publicado por Trablete a las 00:53 en , ,


Ésta es Turquesa, mi coche.

Desde que tengo a Turquesa, ha tenido que sufrir varios despistes. Yo nunca tuve coche, así que tuve que acostumbrarme a ciertas rutinas, como apagar las luces o poner el seguro al cerrar las puertas. Para el primer caso, lo solucioné pegando a las llaves un APAGA LAS LUCES que, para cuando se despegó solo, ya tenía la costumbre de apagarlas. Esto fue necesario porque me quedaba sin batería, y tenía que recargarla. La primera vez un amigo se consiguió una batería prestada, y la recargamos en su casa. La segunda vez tuve que pedir ayuda en una gasolinera; compré unos cables allí mismo que me costaron un riñón. La tercera vez me ocurrió por dejarme las luces interiores encendidas, pudiendo arrancarlo cuesta abajo. Hasta la fecha no ha vuelto a ocurrirme.

Turquesa también tuvo una época de dormir fuera de casa debido a mi torpeza a la hora de aparcar. Venía la malvada grúa, y se la llevaba al depósito. Seguro que lo pasó mal durmiendo lejos de casa, rodeada de desconocidos. Por quedarse abierta nunca ha dado problemas; se ha quedado abierta varias veces, y nunca se dio el caso de que la robaran. En una ocasión, desde un sábado por la noche hasta un lunes por la tarde, en varios sitios, zonas de marcha inclusive.

Otra de las rutinas que necesita un coche es que le echen gasolina. La primera vez que me quedé sin gasolina fue al salir del trabajo. Fue cuando me di cuenta de que la luz de reserva no funcionaba. Me pasó una segunda vez (en la que me prestaron gasolina) e incluso una tercera. Es que no escarmiento.

Cuando tenga un coche nuevo, todas estas cosas se acabarán, pero por ahora tengo que darme cuenta de todo eso. Un día casi hago el ridículo al querer avisar a un tipo que se alejaba de su coche de que se dejaba la ventanilla abierta, la cual se cerró poco después por sí sola. El motivo de esta historia está en el acto de cerrar la puerta del coche. No hay nada más cómodo que cerrar el seguro del coche y cerrar la puerta sin utilizar la llave, ¿no?

El problema viene cuando cierras de esa manera, pero las llaves siguen dentro del coche. Los pasos a seguir son:

  1. Asumir tu estupidez
  2. Pedir un taxi que te lleve a casa
  3. Explicar en casa por qué has llegado tan pronto
  4. Coger la llave de repuesto
  5. Volver (con el mismo taxi) a donde te has dejado el coche.

La primera vez me pasó en el parking de Mercadona. Esta segunda vez (y última, lo prometo) fue peor, ya que salí del coche y lo cerré con las llaves en el contacto y el coche aún en ralentí. Lo peor de este caso es que no había nadie en casa para abrirme, ya que habíamos salido todos a cenar. Los que me acompañaban tuvieron que esperarme en la calle, alejándose un poco de ese misterioso coche en marcha sin nadie dentro, porque no dejaban de preguntarles si iban a dejar el hueco libre para aparcar. Se plantearon esconderse tras la esquina, esperando que algún macarra intentase robarlo y, cuando lograse abrirlo, acercarse y darle las gracias.

En fin. Que ya no cierro de esa manera el coche, y si bajo el seguro al salir del coche, lo vuelvo a subir para cerrar bien con la llave.

Sirva esto de escarnio público.

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Cestas de la compra

Publicado por Trablete a las 18:06 en
Antes de que las cestas de la compra con ruedas existieran, yo ya soñaba con ellas. Debido a su tamaño, es fácil que te pase lo que a mi hoy:

Estaba comprando. Tenía en la cesta huevos, dos litronas, nueces, e iba a por las manzanas. Voy al otro lado de la zona de verdura a por la bolsita, cojo las manzanas, las peso y las meto en la cesta. Continuo a por el azúcar, voy a revisar lo que me queda por comprar, miro la cesta, y allí estaban las manzanas solitarias, sin nada de lo anterior. Ups, pensé. Vuelvo a las verduras y me encuentro a una mujer con su hija. Me acerco a mi verdadera cesta, pongo las manzanas en ella, y le digo a la señora -¿Quizá está buscando esto?-. Se la doy y me cuenta que estaba buscando su cesta vacía, que le parecía que la había puesto al lado de la pesa. Me disculpé, hubo unas pequeñas risas, y seguí comprando.

A saber qué habrá pensado su hija.

Mi Propio Pastito Interior